Bici-rutas con encanto al noroeste de la ciudad de Valencia.

L’Horta Nord y el Camp del Turia son las comarcas valencianas más accesibles desde la Capital. Es una zona con más de 200.000 habitantes, muchos polígonos industriales y urbanizaciones de segunda residencia. El metro nos puede acercar a las estaciones de Llíria y Bétera, y desde allí hacer rutas en bici que recorren la comarca y terminan cerca de casa.

Buscando caminos cerca de Valencia

Rutas en bicicleta por la zona


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Esta bici-ruta que parte de la estación de Llíria propone subir a Sant Miquel para disfrutar de las vistas sobre el Camp del Turia. Luego, recorrer sus campos por caminos entre cultivos hasta Casinos, y de vuelta a Bétera. Y Llegar a Valencia, en esta ocasión, por Mas Camarena, Campolivar, Godella y Burjassot.
Esta es otra forma de hacer una de las rutas ciclistas más populares. Evitamos carreteras principales para llegar a Olocau y volvemos por las faldas de la Calderona hasta Bétera. Hacemos un recorrido por esta ciudad y llegamos a Valencia siguiendo el curso del Barranco del Carraixet.
Desde Bétera, por vías pecuarias, llegamos a la Calderona por Porta Coeli a la altura del «Pla de Lucas». Damos una vuelta por sus montes para contemplar el edificio de la Cartuja desde otro ángulo. Volvemos a Valencia por pistas y caminos que os sorprenderán.
En esta bici-ruta esquivamos cualquier núcleo de población, excepto Pedralba para almorzar, rodando por caminos secundarios. Desde Llíria hasta Pedralba apenas divisamos cuatro chalets. De Pedralba hasta el aeropuerto de Manises vamos a recorrer más de 30 Km jugando al escondite con el mundo civilizado.
Lo que vamos a visitar soy incapaz de resumirlo en un título. Tenía en mente unir estos tres parajes en una ruta en bici, pero me he encontrado con mucho más de lo que esperaba: Pinadas, ríos, centros históricos… No se puede pedir más variedad de estímulos.
Saliendo de Llíria, visitamos el sorprendente paraje de «San Vicent dels Peixets» y su popular zona de picnic. Es una ruta corta para volver rápido para Valencia en línea recta pasando por Bétera, Mas Camarena, Campo-olivar, Godella y Burjassot.
En esta Bici-ruta recorremos el «Camp del Turia» y subimos al monasterio de Montiel en Benaguacil para disfrutar de unas vistas estupendas de toda la zona. La vuelta por Ribarroja y la Vallesa nos depara un camino lleno de belleza y encanto.
Vuelta en bicicleta por alguno de los asentamientos prehistóricos más relevantes, así como otros puntos de interés histórico. Conoceremos los yacimientos de la Lloma de Betxí en la Vallesa, l’Horta Vella en Bétera y el Tòs Pelat en Moncada.

En bici por los caminos de la huerta.

Animo a seguir estos itinerarios que nos acercan a las faldas de la Calderona. Recorremos los campos y las huertas de la plana del Noroeste de Valencia. La cercanía a Valencia convierte sus pueblos en los destinos más concurridos de los aficionados al ciclismo del área metropolitana. A la hora del almuerzo, encontramos los bares repletos de ciclistas de todas las modalidades y nosotros no vamos a ser menos.

Su orografía, prácticamente llana, facilita las rutas en bici de baja dificultad. No obstante, son muchos los obstáculos que nos dificultan el paso; Las autopistas radiales que salen de Valencia, el ByPass que la circunvala y las infraestructuras ferroviarias que parten de la capital. Todas las rutas propuestas procuran evitar el importante número de carreteras principales que comunican la cercana capital.

La vista desde el monasterio de Montiel

La comarca del Camp del Turia limita por el norte con la Sierra Calderona. A ella pertencen poblaciones como Gátova, Marines, Olocau, Náquera y Serra situadas en las primeras estribaciones de la Sierra. Al Oeste están situadas poblaciones como Casinos, Loriguilla y Villamarxant.

Cuenta con cuatro poblaciones que superan los 20.000 habitantes. Llíria, Bétera, La Pobla de Vallbona y Riba-roja del Turia.

Esta zona industrial y agrícola es atravesada por la cuenca del río Turia. El río da riqueza a sus campos de naranjos y otros cultivos modernos como el caqui. Es, además, una frontera lingüística ya que algunas de las poblaciones más alejadas se consideran castellanoparlantes.