En bici por montañas cercanas.

La sierra Calderona es omnipresente en nuestro paisaje urbano. La vemos en cuanto tenemos algo de perspectiva hacia el norte, donde la línea del horizonte se cierra con los perfiles de picos con nombres conocidos como el Picaio, La mola de Segart o el alt del Pi, entre otros. Esta cadena montañosa está situada entre las desembocaduras de las cuencas del Palancia y El Turia, y fue declarada parque natural en el 2002 para protegerla de la presión urbanística.


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Desde la comarca del Alto Palancia a Valencia se interpone la Sierra Calderona que separa las cuencas del Palancia y el Turia. Para cruzar del uno al otro valle propongo esta bici-ruta por el Camí la Murta y la periferia del Parque Natural.
Altura es la puerta de entrada a la Calderona por el interior y Navajas, a pocos kilómetros, tiene estación de tren. Esta bici-ruta propone bordear la sierra y recorrerla por su ladera oeste en dirección a Bétera, donde podemos coger el metro para volver a Valencia.
Desde Segorbe, remontando la Calderona por su lado norte, podemos encontrar entre elevaciones boscosas y campos de cultivo parajes desconocidos. Visitamos unos bonitos lagos antes de subir a la zona de Tristán y descender hacia Bétera. La ruta continúa sorprendiéndonos hasta Valencia.
La subida al alto del Oronet la hacemos por una carretera bien asfaltada y con poco tráfico de coches. Bajaremos rodeando Serra por arriba, y entre Náquera y Bétera lograremos llegar a Valencia sin pisar un palmo de carretera.
Vamos a remontar el Palancia hasta Estivella. Iremos por caminos a buscar la subida del puerto de l’Oronet (493m). De allí, coronaremos el Garbí (598m) antes de volver a Estivella por la mítica bajada conocida como «La frontera». Una vez abajo, volvemos a Sagunt por la V.V. de Ojos negros y huertas de Gilet
Superar el collado de Rebalsadors para cruzar al otro lado de la sierra es una ardua tarea para cualquier ciclista. Esta bici-ruta te lleva a lo más bonito del Parque Natural, las zonas más frondosas y representativas, procurando minimizar la dificultad del ascenso.
En esta bici-ruta propongo subir al Garbí desde Rafelbunyol con la vista puesta en las montañas, por caminos de tierra y con alguna rampa fuerte. El esfuerzo y la recompensa de unas vistas espléndidas como preludio a una maravillosa y sedosa bajada por pistas buenas entre valles frondosos.
Con esta bici-ruta vamos a visitar las faldas de la Sierra Calderona. Cruzaremos por el «coll» en dirección a Gilet y Sagunto. De allí buscaremos el mar a la altura de Puçol, y de vuelta a Valencia por la costa y la huerta.

Una sierra en el patio trasero.

Los caminos de la Calderona

En estas bici-rutas visitaremos algunos destinos muy conocidos como Santo Espíritu, la Cartuja de Porta Coeli o el Garbí, y alguna de sus numerosas fuentes. No va a ser fácil, cada vez que nos adentramos en un sistema montañoso se suceden las fuertes pendientes. Me propongo no sobrepasar desniveles acumulados aceptables para un aficionado medio aunque esto nos limita el acceso a algunas zonas con pasos más altos.

Mis recuerdos de juventud.

Yo nací en la década de los 60. Nuestra generación vivió una niñez marcada por la llegada a casa de la primera televisión y el primer coche. Y con el primer coche, llegó también, para quien se lo pudiera permitir, el primer chalé: Cum Laude de felicidad y estatus de la clase media de la época. Por aquel entonces casi costaba lo mismo un chalé que un coche, por si alguien no se acuerda o no lo vivió. El sitio elegido para veranear, si se quería ir también los fines de semana, tenía que ser accesible con aquellos míticos automóviles: Seat 600, 850 y 124/1430, Renault 4, 6, 8 y 12, Citroën 2CV, etc.

La Mola de Segart

Las zonas típicas de segunda residencia, para los de ciudad que no teníamos vinculación especial con ningún pueblo, fueron la Cañada, la Eliana y Náquera/Serra. Urbanizaciones cercanas a la capital crecieron como setas. También hubo familias que se decantaron por la playa y, de esta forma, se construyeron horrorosos bloques de apartamentos junto al mar, como los de playa de Puebla de Farnals o el Perelló.

Familias enteras cargadas hasta con electrodomésticos partían en cuanto los niños terminábamos las clases rumbo al chalé a pasar el verano. Creo que la elección del sitio de veraneo de nuestros padres tuvo una influencia decisiva en la forma en que los adolescentes de la época forjamos nuestra personalidad.

Un sitio muy especial para mí

A mí me tocó en suerte que mis padres eligieran una urbanización de Náquera, y también tener un hermano doce años mayor muy aficionado al senderismo que me enseñó a amar la montaña. De su boca oí, desde muy temprana edad, nombres que sonaban exóticos como Gredos, Javalambre o Pirineos, pero me llevaba a los que teníamos cerca. Con él recorrí, y quedaron grabados en mi memoria, picos como el Monte Picaio, Penyas de Guaita, Pic de l’Águila, la Mola, el Garbí, Alt del Pi, Rebalsadors o el Gorgo.

Silueta de la sierra

Había en la Calderona muchas fuentes. Algunas accesibles en coche en las que mis padres cargaban garrafas de agua para toda la semana como la Font de l’Or, Barraix, Sant Josep, Sant Antoni o la del Llentiscle, y otras reservadas a los que hacíamos senderismo como la del Marge, el Poll, l’Abetlla o la del Berro entre otras.

Desgraciadamente, un enorme incendio arrasó la Calderona en los 80 y luego hubieron más, casi cada año, todos intencionados o provocados por negligencias debidas a la presión urbanística y demográfica. Desaparecieron paisajes que casi consideraba propios.

Adentrarse en el vergel

Es ahora, de mayor, con el monte otra vez recuperado, cuando he ido visitando los rincones de mi niñez y los que, en la medida de lo que se pueda, iremos visitando en estas bici-rutas. Por favor, cuidad este inmenso patrimonio natural que tenemos a tiro de piedra de la ciudad. Gracias.