Recorrer el Espadán en bici y sin morir en el intento.

La sierra Espadán no es amable con el ciclista. Esta cadena montañosa se resiste interponiendo innumerables puertos de montaña en su camino. Sus profundos valles y escarpadas laderas son un reto para quien busca recorrer la sierra en bicicleta. Los itinerarios propuestos discurren entre espesos bosques y profundos barrancos, nos regalan magníficas vistas de incalculable valor paisajista y nos permiten conocer los pueblos más emblemáticos de la sierra.


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Visitaremos zonas representativas del ecosistema del Parque Natural, famoso por sus alcornocales. También pueblos como Pavías y Villamalur en una ruta dura pero muy representativa.
No es sólo el espectacular entorno natural y los preciosos valles. Lo más bonito del Espadán es el paisaje humano. He parado en todos los pueblos del camino, a cada cual más bonito: Gaibiel, Matet, Algimia de Almonacid, Alcudia de Veo, Veo y Benitandús.
Esta bici-ruta nos lleva por un paisaje de montaña dominado por bosques de Alcornoque a las llanuras pantanosas de la «Marxal d’Almenara». Empezamos espantando a nuestro paso algunas aves rapaces, para seguir luego incordiando a garzas y patos por la marjal.
Arte natural en estado puro: El Salto de la Novia, la fuente de los cincuenta caños, Almedijar y el Alcornocal de la Mosquera. Estas son algunas de las joyas representativas del P.N. del Espadán que nos disponemos a visitar.

Son bici-rutas lineales, de unos 60 a 70 Km, y con entre 500 y 1000 m de desnivel acumulado que cruzan al sierra de Oeste a Este. Haciéndolas con calma y tiempo por delante, están al alcance de muchos bici-excursionistas mínimamente preparados.

Vamos a aprovechar el tren de Cercanías, concretamente la ruta C5 que va hasta Caudiel y la C6 que llega a Castellón. Se puede sacar billete de Ida y Vuelta si coinciden las zonas aunque utilicemos líneas distintas para ir y volver. Aprovechamos también la ventaja de que el tren nos remonta unos cientos de metros, haciendo que los desniveles de bajada sean mayores que los de subida, algo que se agradece enormemente.

Un recorrido por un ecosistema único.

Este parque natural es único en la cuenca mediterránea oriental por poseer grandes bosques de alcornoques. De ellos se extrae el corcho, y su aprovechamiento procura ingresos adicionales a los agricultores de la zona. El índice de pluviosidad de la sierra es ligeramente superior a otras zonas del entorno. Los suelos de rodeno, que destacan por su alta capacidad de absorción, proporcionan un alto nivel de humedad en la tierra que favorece el mantenimiento de una gran masa forestal y un clima fresco en verano.

Alcornoques

El P. N. Sierra de Espadán es una cadena montañosa situada al sur de la provincia de Castellón, entre las cuencas de los ríos Palancia y Mijares. Se extiende desde la altiplanicie de Barracas hasta casi llegar al mar a la altura de Nules y Vall d’Uxó. Son unos sesenta kilómetros en línea recta plagados de escarpadas crestas y profundos valles. Sus mayores cotas son el pico de la Rápita (1.106 metros), el pico del Pinar (1.101 metros) o el pico Espadán (1.099 metros). No parecen muy impresionantes por su altura, pero sus empinadas laderas le confieren apariencia de alta montaña.

Los paisajes y el paisanaje.

No solo las montañas se mantienen vírgenes y resisten el paso del tiempo, los pueblos de la sierra también mantienen su estructura medieval. El urbanismo desaforado se ha olvidado de estos lugares que, más bien al contrario, se van despoblando poco a poco. Los únicos recursos que quedan son la agricultura y algo de hostelería. Ya no hay trabajo para los jóvenes que se han ido trasladando poco a poco a entornos más urbanos.

La pujante industria azulejera del sur de Castellón ha procurado trabajo a muchos habitantes de la zona y ha convertido en verdaderas ciudades a poblaciones como Onda, Nules y Vila-Real, entre otras.

Pueblos como Aín, Almedíjar, Alcudia de Veo o Gaibiel son un tesoro arquitectónico que debería ser conservado, tanto como los espacios naturales. Un paseo sosegado por estos pueblos es un aliciente a tener en cuenta en el camino. Estas gentes procuran que el visitante se sienta bien, cómodo y querido, conscientes seguro de que el turismo es necesario para dinamizar la economía de la zona. Pero es una amabilidad auténtica, nada forzada, ancestral.

Calles de Aín

Siento un profundo respeto por esta cultura serrana, forjada de trabajo y solidaridad, y me siento un privilegiado pudiendo disfrutar de todo esto desde el sillín de mi bicicleta.