Bici-rutas por la sierra Calderona

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Montañas en el patio trasero de nuestra ciudad

La sierra Calderona es omnipresente en nuestro paisaje urbano. La vemos en cuanto tenemos algo de perspectiva hacia el norte, dónde la linea del horizonte se cierra con los perfiles de picos como el Picaio, La mola de Segart o el alt del Pi, entre otros. Esta cadena montañosa separa las cuencas del Palancia y El Turia, y fue declarada parque natural en el 2002 para protegerla de la presión urbanística ya que su cercanía a Valencia la hace ideal para urbanizaciones de segunda residencia.

En estas bici-rutas visitaremos algunos destinos muy conocidos como Santo Espíritu y la Cartuja de Porta Coeli y alguna de sus numerosas fuentes. No va a ser fácil, cada vez que nos adentramos en un sistema montañoso se suceden las fuertes pendientes. Esto nos limita un poco, ya que me propongo no sobrepasar desniveles acumulados aceptables para un aficionado medio.

Por suerte, tenemos collados como el coll del Oronet (493 m) o el de la Calderona (216 m) que nos permiten cruzar la sierra sin demasiados excesos. Utilizando por estos pasos o recorriendo sus faldas buscaremos diferentes itinerarios de subida y bajada que nos permitan abarcar el máximo de terreno posible.

En la sección dedicada a bici-rutas eBTT, en la que gracias a la asistencia eléctrica no tenemos tantas limitaciones, recorreremos la sierra buscando sus puntos más inaccesibles y desconocidos.


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De Bétera a Valencia por Porta Coeli y Vinalesa - 44,1 Km / 261 m De Navajas a Bétera por Camí de la Murta y Llíria - 56,9 Km / 565 m De Algimia a Valencia (Ronda Nord) por el Oronet y Vinalesa - 47,6 Km / 574 m De Bétera a Valencia por Náquera, Sagunto y playa de Puçol - 67,1 Km / 411 m
Los recuerdos de nuestra juventud.
El Garbí

Yo nací en la década de los 60. Nuestra generación vivió una niñez marcada por la llegada a casa de la primera televisión y el primer coche. Y con el primer coche llegó también, para quien se lo pudiera permitir, el primer chalé: Cum Laude de felicidad y estatus de la clase media de la época. Por aquel entonces casi costaba lo mismo un chalé que un coche, por si alguien no se acuerda o no lo vivió. El sitio elegido para veranear, si se quería ir también los fines de semana, tenía que ser accesible con aquellos míticos automóviles: Seat 600, 850 y 124/1430, Renault 4, 6, 8 y 12, Citroën 2CV, etc.

Las zonas típicas de segunda residencia, para los de ciudad que no teníamos vinculación especial con ningún pueblo, fueron la Cañada, la Eliana y Náquera/Serra. Urbanizaciones cercanas a la capital crecieron como setas. También hubo familias que se decantaron por la playa y, de esta forma, se construyeron horrorosos bloques de apartamentos junto al mar, como los de playa de Puebla de Farnals o el Perelló.

Familias enteras cargadas hasta con electrodomésticos partían en cuanto los niños terminábamos las clases rumbo al chalé a pasar el verano. Creo que la elección del sitio de veraneo de nuestros padres tuvo una influencia decisiva en la forma en que los adolescentes de la época forjamos nuestra personalidad.

Un sitio muy especial para mí

A mí me tocó en suerte que mis padres eligieran una urbanización de Náquera, y también tener un hermano doce años mayor que yo muy aficionado al senderismo que me enseñó a amar la montaña. De su boca oí, desde muy temprana edad, nombres que sonaban exóticos como Gredos, Javalambre o Pirineos, pero lo que teníamos cerca era la sierra Calderona. Con él recorrí, y quedaron grabados en mi memoria, picos como el Monte Picaio, Penyas de Guaita, Pic de lÁguila, la Mola, el Garbí, Alt del Pi, Rebalsadors o el Gorgo.

Había en la Calderona muchas fuentes. Algunas accesibles en coche en las que mis padres cargaban garrafas de agua para toda la semana como la Font de l’Or, Barraix, Sant Josep, Sant Antoni o la del Llentiscle, y otras reservadas a los que hacíamos senderismo como la del Marge, el Poll, l’Abetlla o la del Berro entre otras.

Desgraciadamente, un enorme incendio arrasó la Calderona en los 80 y luego hubieron más, casi cada año, todos intencionados o provocados por negligencias debidas a la presión urbanística y demográfica. Desaparecieron paisajes que casi consideraba propios.

Un vergel en la Calderona

Es ahora, de mayor, con el monte otra vez recuperado, cuando he ido visitando los rincones de mi niñez y los que, en la medida de lo que se pueda, iremos visitando en estas bici-rutas. Por favor, cuidad este inmenso patrimonio natural que tenemos a tiro de piedra de la ciudad. Gracias.

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