Vila-real circular por Ribesalbes, embalse del Sitjar y Onda

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Bordeando la zona industrial por un camino natural

Esta bici-ruta propone llegar a Ribesalbes, darle la vuelta completa al pantano de Sitjar y volver por Onda a Vila-real. Por supuesto alejados de fábricas y contaminación.

Descripción de la ruta y enlace de descarga

Longitud: 62,3 Km           Desnivel: 460 m↑ y 460 m↓

Tipo de Firme: Asfalto.          Dificultad: Moderada

Esta ruta la podéis descargar en vuestro navegador o ver con más detalle desde mi página de Wikiloc:

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/villa-real-circular-por-ribesalbes-embalse-de-sitjar-y-onda

Síntesis

Con esta bici-ruta descubriremos un entorno natural bastante desconocido: El embalse del Sitjar.

La zona de Onda y Vila-real ha experimentado un intenso crecimiento gracias a la industria cerámica. Los polígonos industriales siguen rodeados de lo que ha sido la fuente tradicional de riqueza de la comarca de la Plana Baixa: los campos de cítricos. Es por caminos entre naranjos, al norte del polígono, por los que nos vamos a aproximar a las zonas más montañosas del interior de Castellón.

A los pies del pantano de Sitjar, junto al río Millars, la localidad de Ribesalbes conserva esa esencia tradicional de industria cerámica familiar.

Saliendo de Ribesalbes en dirección a la Alcora, nos desviaremos por una carretera local le da la vuelta al embalse casi en su totalidad. Múltiples brazos de agua inundan los valles que desembocan en él y nos obligan a subir y bajar para superarlos. Sus aguas turquesas confieren al paisaje aspecto tropical.

Nos despedimos de tan bucólico lugar cruzando el río Millars sobre el muro de la presa. Pronto saldremos del valle para iniciar el camino de regreso, pero esta bici-ruta no ha terminado todavía de sorprendernos. El barrio medieval de Onda, con las calles estrechas y caóticas que rodean su majestuoso castillo, nos devuelven a un pasado lejano.

Tras este recorrido de cuento, por caminos pecuarios al sur del polígono industrial, volveremos al punto de inicio. A mi modo de ver, modernidad, tradición, naturaleza e historia se combinan armónicamente en este recorrido singular.

Detalles del trazado

Altimetría
Enlazando la ciudad de Vila-real con Ribesalbes.

Esta es una ruta circular que parte desde las inmediaciones de la estación de tren de Vila-real. El cercanías tiene una frecuencia y una regularidad que lo hace especialmente útil para llegar aquí.

La estación está situada al este de la ciudad y tenemos que cruzarla para salir por el oeste. Circulamos por calles peatonales del centro de la ciudad. Como acabamos de empezar, quizás preferimos no entretenernos demasiado. Pasado el campo de fútbol encontramos un carril-bici que nos sirve para no mezclarnos con el tráfico de salida. Por él llegaremos a la última rotonda urbana, y tomaremos un desvío por un camino de huerta que se adentra hacia tierras del interior. Un camino local cuyos puentes nos permiten salvar las dos autopistas (AP7 y A7) que discurren paralelas a la costa.

A lo lejos vemos las enormes fábricas azulejeras con sus columnas de humo blanco. Estas se alinean a lo largo de la carretera principal que une Vila-real con Onda, una vía rápida con mucho tráfico que vamos a evitar.

Camino entre naranjos con fábricas a lo lejos

Como se ve en el gráfico de altimetría, los primeros veinte kilómetros van a ser en ligera subida con desniveles que apenas superan el 2%. Iremos tranquilos, sin tráfico, enlazando diferentes caminos de huerta entre naranjos mientras remontamos el amplio valle del Millares. No muy lejos podemos ver, recortadas sobre el horizonte, las montañas de la sierra Espadán a la izquierda y las del «Maestrat» a la derecha, reconocible por la majestuosa mole del lejano «Penyagolosa».

A la altura de Onda y alejándonos de ella, tenemos que salvar un pequeño collado en dirección a las montañas. Después de recorrer un buen tramo de un serpenteante camino de servicio paralelo a un canal de riego, llegaremos a enlazar con la carretera principal que viene de Onda.

No hay alternativa a estos tres o cuatro kilómetros de carretera en bajada, con tráfico escaso y local, que nos acerca a la localidad de Ribesalbes. Al menos, las primeras vistas sobre el embalse del Sitjar nos alegrarán la vista.

Camino de servicio del canal del Mijares
Ribesalbes y el embalse de Sitjar

Situada a los pies del pantano, Ribesalbes es, en contraste, un pequeño y coqueto pueblo de montaña. Lo vemos desde arriba encaramado a una de las muchas laderas que separan los diferentes valles interiores que desembocan en el pantano del Sitjar.

Ribesalbes

Llegando a Ribesalbes, nos sorprenden a nuestro paso múltiples tiendas y pequeñas fábricas de cerámica tradicional. Una industria familiar que nada tiene que ver, afortunadamente, con las macro-factorías de revestimientos de la zona industrial. Nos llaman la atención sus escaparates que muestran platos y otras piezas esmaltadas de menaje cerámico que nos invitan a detenernos cada poco para admirar su finura artesanal.

Llevamos veinticinco kilómetros de ruta y no es mal sitio para una parada de bar y almuerzo. También podemos aprovisionarnos para comer en un precioso lugar de pinada acondicionado junto al pantano que encontraremos unos kilómetros más adelante.

Zona de picnic del pantano de Sitjar
El pantano del Sitjar

Visto desde lo alto, algunos brazos de agua y valles inundados se adentran en las laderas. Disfrutaremos subiendo las crestas y bajando a valles boscosos para cruzar los barrancos que desembocan en el embalse. Vamos a recorrer unos quince kilómetros por la carreterita que rodea al pantano, por un entorno natural espectacular.

En uno de estos valles vamos a desviarnos a una zona de recreo habilitada junto al agua donde podremos admirar con toda plenitud ese lago artificial rodeado de montañas. Hay mesas y asientos para hacer picnic. La exuberante pinada y el color turquesa del agua nos recuerdan lejanas playas caribeñas.

Embalse del Sitjar

Ya volviendo por el otro lado, pasaremos por encima del muro de la presa. Otra parada obligatoria para admirar el profundo barranco del río Millars que se encañona entre montañas inaccesibles bajo nuestros pies. Poco después, salvando la última ladera, enfilamos una cómoda bajada en dirección a Onda.

El casco antiguo de Onda y el regreso a Vila-real.

Entraremos en Onda por caminos de huerta. Onda es toda una capital que, junto con Vila-real, han registrado un espectacular crecimiento demográfico gracias a la industria cerámica. Afueras residenciales de urbanismo moderno nos dan paso hacia el interior de la villa.

Un promontorio coronado por un imponente y bien conservado castillo medieval domina la ciudad. En sus laderas se alza una impresionante judería medieval, con retorcidas e intrincadas calles. Es una delicia recorrerlas y perderse por aquí, e incluso subir si nos apetece a la explanada del Castillo. No es mala idea tomar algo en alguna de sus recoletas plazas de aire ancestral antes de encarar el regreso hasta Vila-real.

Por caminos de huerta de los términos de Onda y Betxí, iremos bajando poco a poco buscando Vila-real por el otro lado del largo polígono industrial, lejos de tráficos y humos. Los puentes de las autopistas nos permitirán tener una referencia visual de nuestro destino: Vila-real. En el último puente, el que cruza la AP-7, reconoceremos la ciudad por el estadio de fútbol de la Cerámica, donde juega el «Villareal CF», uno de los equipos destacados de la primera división.

Esta vez sí, si tenemos tiempo, podremos dedicar un poco de atención al centro histórico de Vila-real y pasear sus calles. El trazado, después de recorrer el centro, termina frente a la estación del tren en el mismo punto en el que comenzó.

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