Villa-real circular por Ribesalbes, embalse del Sitjar y Onda

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Bordeando la zona industrial por un camino natural

La zona de Onda y Villa-real ha experimentado un crecimiento industrial sin precedentes gracias a las fábricas de cerámica. Estos polígonos industriales siguen rodeados de campos y es por caminos entre naranjos, al norte del polígono, por los que nos vamos a aproximar al interior de Castellón.

Con esta bici.ruta descubriremos un entorno natural bastante desconocido: El embalse del Sitjar.

Partiendo de Ribesalbes, una carretera local le da la vuelta al pantano casi en su totalidad. Múltiples brazos de agua inundan los valles que desembocan en él y nos obligan a subir y bajar para superarlos. Las vistas, con el fondo de sus aguas turquesas, confieren al paisaje aspecto salvaje y agreste.

A la vuelta tendremos la oportunidad de recorrer el barrio medieval de Onda, con sus calles estrechas y caóticas que rodean su majestuoso castillo.

Por caminos pecuarios, esta vez al sur del polígono, volveremos al punto de inicio para completar este recorrido circular.

Descripción de la ruta y enlace de descarga

Longitud: 63,4 Km           Desnivel: 491 m↑ y 491 m↓

Tipo de Firme: Asfalto.          Dificultad: Moderada

Detalles del trazado

Altimetría

Esta ruta la podéis descargar en vuestro navegador o ver con más detalle desde mi página de Wikiloc:

https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/villa-real-circular-por-ribesalves-pantano-de-sitjar-y-onda

Enlazando la ciudad de Villa-real con Ribesalbes.

Esta es una ruta circular que parte desde las inmediaciones de la estación de tren de Villa-real. El cercanías tiene una frecuencia y una regularidad que lo hace especialmente útil para llegar aquí.

La estación está situada al este de la ciudad y tenemos que cruzarla para salir por el oeste. No es mal paseo el que propongo en esta bici-ruta por el centro histórico aunque, como acabamos de empezar, quizás preferiremos no entretenernos demasiado. Un carril-bici nos sirve para no mezclarnos demasiado con el tráfico de salida hasta que, llegados a una rotonda, tomaremos ya un desvío por un camino de huerta que se adentra hacia tierras del interior. Un camino cuyos puentes nos permiten salvar las dos autopistas (AP7 y A7) que discurren paralelas a la costa.

A lo lejos vemos las enormes fábricas azulejeras y sus columnas de humo blanco. Estas se alinean a lo largo de la carretera principal que une Villa-real con Onda, una vía rápida por la que circula todo el tráfico pesado y ligero.

Como se ve en el gráfico de altimetría, los primeros veinte kilómetros van a ser en ligera subida con desniveles que apenas superan el 2%. Iremos tranquilos, sin tráfico, enlazando diferentes caminos de huerta entre naranjos mientras remontamos el amplio valle del Mijares. Disfrutaremos por momentos de privilegiadas vistas sobre el valle industrial enmarcado entre las montañas de la sierra Espadán a la izquierda y el «Maestrat» a la derecha, reconocible por la majestuosa mole del lejano «Penyagolosa».

Sin darnos cuenta, y después de recorrer un buen tramo de un serpenteante camino de servicio paralelo a un canal de riego, llegaremos a enlazar con la carretera que viene de Onda. No hay alternativa a estos tres o cuatro kilómetros de carretera en bajada, con tráfico escaso y local, que nos acerca a la localidad de Ribesalbes, situada a los pies del pantano de Sitjar.

Ribesalbes y el embalse de Sitjar

Ribesalbes es, en contraste, un pequeño y coqueto pueblo de montaña. Lo encontramos al pie de una de las muchas laderas que separan los diferentes valles interiores que desembocan en el pantano del Sitjar.

Ribesalbes

Entrando en el pueblo, nos sorprenden a nuestro paso múltiples pequeñas tiendas de cerámica tradicional, nada que ver con las macro-fábricas de revestimientos de la zona industrial. Nos llaman la atención sus escaparates que muestran platos y otras piezas esmaltadas de menaje cerámico que nos invitan a detenernos cada poco para admirar su finura artesanal.

Llevamos veinticinco kilómetros de ruta y no es mal sitio para una parada de bar y almuerzo. Antes de empezar a darle la vuelta al pantano, recomiendo recorrer las retorcidas calles de Ribesalbes e ir subiendo por la ladera. La ruta está marcada por la carretera que continúa unos kilómetros hacia l’Alcora, es quizá la forma más directa de subir, pero nada nos impide improvisar por dentro del pueblo buscando enlazar la ruta más arriba.

El pantano del Sitjar, visto desde lo alto, tiene algunos brazos de agua que se adentran en las laderas. Disfrutaremos estos valles boscosos, subiendo crestas y bajándolas para cruzar los barrancos que desembocan en el embalse. Vamos a recorrer unos quince kilómetros por la carreterita que rodea al pantano, por un entorno espectacular, con un paisaje de pinada que nos permite entrever al fondo sus aguas de color turquesa.

En uno de estos valles nos permitiremos visitar una zona de recreo habilitada junto al agua y admirar con toda plenitud ese lago artificial rodeado de montañas.

Embalse del Sitjar

Ya volviendo por el otro lado, pasaremos por encima del muro de la presa, otra parada obligatoria para admirar el profundo barranco del Mijares. El río se encañona entre montañas inaccesibles bajo nuestros pies. Poco después, salvando la última ladera en dirección a Onda, enfilamos una cómoda bajada que cruza la ruta que hemos utilizado para venir, en un trazado que se asemeja a un 8.

El casco antiguo de Onda y el regreso a Villa-real.

Entraremos en Onda por caminos de huerta. Onda es toda una capital que, junto con Villa-real, han registrado un espectacular crecimiento demográfico gracias a la industria cerámica. Afueras residenciales de urbanismo moderno nos dan paso hacia el interior de la villa, donde un promontorio coronado por las ruinas de un imponente castillo domina la ciudad.

En las laderas de la loma que alberga el bien conservado Castillo de Onda se alza una impresionante judería medieval, con retorcidas e intrincadas calles. Es una delicia recorrerlas y perderse por aquí, e incluso subir si nos apetece a la explanada del Castillo. No es mala idea tomar algo en alguna de sus recoletas plazas de aire ancestral antes de encarar el regreso hasta Villa-real.

Por caminos de huerta de los términos de Onda y Betxí, iremos bajando poco a poco buscando Villa-real por el otro lado del largo polígono industrial, lejos de tráficos y humos. Los puentes de las autopistas nos permitirán tener una referencia visual de nuestro destino, la ciudad que reconoceremos por el estadio de fútbol de la Cerámica, donde juega el «Villareal», uno de los equipos destacados de la primera división.

Esta vez, si tenemos tiempo, si que podremos dedicar un poco de atención al centro histórico y pasear sus calles. El trazado termina en el mismo punto en el que comenzó, frente a la estación del tren.

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