La leyenda de la Calderona

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A veces me pregunto de dónde saldrán algunos topónimos. Me imagino a un descubridor o a un primer poblador eligiendo el nombre de un río, una montaña, un pueblo, etc.

Cuando hablamos de una cordillera o un macizo montañoso con nombre propio, como es el caso de la Calderona, mi curiosidad se dispara. Menos mal que san Google viene en mi ayuda.

La Calderona fue una mujer de armas tomar, literalmente.

María Inés Calderón, la Calderona, fue una niña abandonada que vivió en el siglo XVII. La recogió un hombre vinculado al teatro, Juan Calderón, quien la crió y le dio su apellido. No es de extrañar pues que se convirtiera en actriz, de hecho, en una de las más conocidas del teatro español del Siglo de Oro.

El Rey Felipe IV quedó prendado de ella al verla en una representación. Por aquel entonces, la actriz estaba casada y también era la amante reconocida del duque de Medina de las Torres. Ambos, marido y amante, tuvieron que aceptar que se convirtiera en la concubina real y abandonar la escena.

El mujeriego Rey tuvo que volverse loco de amor para acceder a invitarla públicamente al balcón de la plaza Mayor de Madríd con motivo de un espectáculo. Es sabido que los cuernos se llevan peor cuando se hacen públicos. La reina, Isabel de Borbón, se cabreó bastante y la echó de allí a voz en grito. En una época de matrimonios de conveniencia las infidelidades eran una buena diversión, pero hacer tambalear un matrimonio real no estaba al alcance de una mujer cualquiera.

De hijo de la tierra (de padres desconocidos) a Virrey

Fruto de la relación del rey y la actriz nació un hijo bastardo. Forzada a abandonarlo, el niño fue criado por una mujer de origen humilde. Con trece años, gracias a los tejemanejes del conde duque de Olivares, el rey lo reconocería como propio y sería rebautizado con el nombre de Juan José de Austria. El hijo de la Calderona llegaría a ser un militar brillante y sería coronado como Virrey de Flandes.

La madre fue obligada a exiliarse y enclaustrarse en un monasterio. No le debió ir mal porque ostentó el título de abadesa del monasterio de Valfermoso (Guadalajara) durante cinco años. Pero las reglas monásticas no eran lo suyo.

Cuenta la leyenda que acabó sus días como bandolera en la sierra que lleva su nombre al norte de Valencia.

 

3 Respuestas

  1. Angela

    Interesante y curiosa leyenda , no la conocía.
    Hice la ruta y fue preciosa , se atraviesa la sierra sin apenas dificultad , muy bien guiada . Repetiré !

    • Javier

      Gracias Ángela. Para mí fue un placer que me acompañarais. Haremos más

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